Reinier Domínguez Cobelo

Reinier Domínguez Cobelo

Matanzas, Cuba, 1989

Correo: reinier.dominguez89@nauta.cu

Estudios y formación: Autodidacta

Formación profesional: Autodidacta

Exposiciones colectivas:

2014         Exposición colectiva de pintura en la graduación del curso 2014.

Exposición en la escuela de arte.

Logros:

2014       Certificado de curso de pintura en la ACAA desde 1ro de noviembre de 2013 hasta 10 de diciembre 2014.

2013       Mención en el concurso de pintura y dibujo urbanización casa de la cultura Juan Gualberto Gómez.

Certificado de curso de dibujo en la ACAA desde 4 de octubre 2012 hasta el 15 de octubre del 2013.

2012       Reconocimiento por su participación en las actividades que realiza la casa de la cultura.

Análisis crítico de su Obra

Un artista innato

Si las calles habaneras de Reinier Domínguez Cobelo hubieran encontrado el acogedor amparo de un gran mecenas o una poderosa institución, quizás nadie se opondría a legitimar la estética particular de este creador autodidacta, más allá del gusto de un público creciente. En muchas ocasiones, los rasgos formales de las obras o el talento del artista se ven supeditadas a la forma en que estos se relacionan con los perceptores. Los juicios de valor dependen entonces del espacio de circulación y consumo de las piezas y no de las cualidades intrínsecas de las mismas. Así lo dicta una parte significativa de la práctica cultural presente, no por ello exenta de cuestionamientos.

La clasificación o estudio de su trabajo puede realizarse por dos vías diferentes: su forma de acceso al arte y los temas que aborda en sus lienzos. Sin dudas, las telas, pigmentos y pinceles se convirtieron en un modus vivendi para este joven que apenas ha recibido indicaciones de cómo proceder delante de un caballete. La motivación no es un dato despreciable y el fin ha marcado el modo en que Reinier enfrenta el proceso creativo, no solo en los detalles de la ejecución sino hasta en el tiempo empleado para alcanzar un resultado rentable.

Sin embargo, el suyo es un caso palpable de talento innato y evolución. El balcón habanero y los almendrones se transformaron en las cúpulas bulbosas moscovitas o en la Ópera de Sidney; las campiñas cubanas en nevados picos o riscos europeos y las marinas caribeñas en playas, balnearios y ciudades al borde del Mediterráneo. Ello sin llegar a treinta años ni rebasar las “fronteras” insulares. La fotografía ha sido a un tiempo lazarillo y estímulo para “viajar” a tan distantes geografías de la mano de la difícil técnica de la espátula.

En su taller pueden observarse las trazas del aprendizaje en el que se nota la diferencia entre una etapa y otra. El uso de colores puros es una de sus señas de identidad y al mismo tiempo una de las cuestiones más polémicas, al estar afectados también por su temperatura. La forma peculiar en que Reinier los utiliza en la composición ocasiona extraños efectos de perspectiva, de planos superpuestos, sin afectar la volumetría que logra con los empastes. Paisajes urbanos y rurales muestran detalles de marcado carácter impresionista y postimpresionista que se diluyen luego.

Su visión pictórica está condicionada por el denominador común antiacadémico del arte ingenuo, quizás con la influencia que han tenido los medios digitales en la visualidad, la percepción y el gusto contemporáneos. Es posible compararle con una personalidad que algo tiene en común con él: el francés Henri Rousseau, figura indiscutible del naïf del siglo XIX. El paralelo se da en el apuntado tratamiento de los planos de la composición y en la forma en que el Aduanero se inspiraba en ilustraciones. Pero se distancia de este en técnica, volumen, temas y en el propio proceso de crecimiento que lo ha acercado más a artistas como el chileno Fernando Morales Jordán. En algún momento llega a recordar las representaciones citadinas de Portocarrero.

Las mejores escenas urbanas de Reinier no tienen mucho que envidiar a las de este último y multipremiado artista. El matancero muestra un estilo propio, intuitivo, que interpreta la imagen que utiliza como guía y desconoce los límites que impone la “corrección”. Ello le aporta un toque de frescura y belleza a su trabajo que aventaja al de no pocos consagrados y en el que se adivina la capacidad latente de un artista natural que dará mucho más de sí.

Carlos R. Escala Fernández

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