La retroalimentación es imprescindible en el proceso creativo.

El artista de la plástica Adrián Socorro define su obra como resultado de la acumulación de experiencias vividas y en la cual trata de parecerse a sus pensamientos en toda una cadena de acción y reacción.

Con el acrílico sobre lienzo, sin importar dimensiones, trata de recrear todo lo que le rodea sin tratar de parecerse a nada ni a nadie. Su carrera profesional le ha hecho merecedor de innumerables premios y sus creaciones han estado en importantes espacios visuales.

Cuenta además  con su estudio–taller  El Garabato, lugar donde intercambia constantemente con el mundo exterior y se retroalimenta para conformar todas sus pinturas.

Reconocidos jóvenes actores del teatro de la ciudad, incluida su esposa, han sido plasmados por su pincel en muchas de sus pinturas.

En el día de hoy acaba de inaugurar una serie de acuarelas dedicadas al centenario de Dámaso Pérez Prado (creador del mambo) en la Galería La Vitrina de la Casa de la Memoria Escénica de la ciudad de Matanzas.

Conforma además parte del equipo de colaboradores de artistas de Artecru desde este mes de diciembre, en donde los interesados pueden encontrar la información concerniente.

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